2022-08-15

El destino de Maduro vuelve a cruzarse con Ucrania. En febrero de 2014, casi un año después del funeral de Hugo Chávez, en Venezuela estallaron las primeras grandes protestas contra el nuevo presidente, que se prolongaron con fuerza durante cuatro meses y cuya represión ocasionó más de cuarenta muertos. Fue el comienzo de una serie de marchas masivas en todo el país que el régimen confrontó con gran violencia; en 2017 los manifestantes asesinados superaron el centenar.

El estallido de 2014 tuvo poco eco internacional porque aquellos mismos días de febrero las grandes potencias y sus medios de comunicación estaban ocupados en seguir la crisis ucraniana: la plaza de Maidán, en Kiev, y no la caraqueña de Altamira,

 se había convertido en el centro de atención del mundo. Eso ayudó a Maduro a salvarse en un momento en que se estaba asentando en el poder y aún no controlaba todos los resortes.

Ahora que las sanciones de EE.UU. y de la UE, sobre todo las relativas al petróleo impuestas en 2019 por la Casa Blanca, estaban haciendo especial daño a las finanzas de Venezuela y dificultando el lavado de dinero de la mafia gubernamental, una nueva crisis en Ucrania acude en ayuda de Maduro. Aún es pronto para saber si la Administración Biden eliminará o reducirá las sanciones y permitirá la importación de petróleo de Venezuela, pero las conversaciones abiertas la semana pasada entre ambos gobiernos se encaminan en esa dirección. Parte del petróleo que EE.UU. no comprará a Rusia, para castigar a Putin por la invasión de Ucrania, quizá sea sustituido por petróleo procedente Venezuela.

Elecciones de medio mandato en EE.UU.

La explicación dada por la Administración Biden ha sido contradictoria. Una vez se produjo el contacto de los emisarios del Consejo Nacional de Seguridad y del Departamento de Estado con Maduro, el lunes 7 la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, admitió que ese encuentro tenía que ver con la «seguridad energética». Tras las críticas levantadas desde sectores republicanos y demócratas por el giro diplomático respecto a Venezuela que eso suponía (EE.UU. no reconoce a Maduro como presidente y las sanciones son un castigo a su usurpación del poder), el jueves 10 la misma Psaki pareció enmendar y aseguró que no se estaba en una «conversación activa sobre importación» del petróleo venezolano, al tiempo que ligaba la visita de la delegación a Caracas simplemente con la liberación de algunos estadounidenses allí encarcelados, acusados de dudosos cargos de corrupción o terrorismo (a raíz del encuentro, Maduro anunció la puesta en libertad de dos de ellos).Las elecciones de medio mandato que EE.UU. celebrará en noviembre, en las que la diáspora venezolana importa mucho en el voto de Florida, obligan a Biden a cierta cautela

Las palabras de la portavoz de la Casa Blanca, no obstante, constatan dos cosas: que los emisarios de Washington fueron efectivamente a sondear la posibilidad del aumento de la producción de petróleo en Venezuela, para compensar el boicot al petróleo ruso («seguridad energética» en este contexto solo puede referirse a eso), y que la reacción interna, especialmente contundente en el caso del senador demócrata Bob Menéndez, ha paralizado de momento la operación (por eso no es una conversación «activa»).

Las elecciones de medio mandato que EE.UU. celebrará en noviembre, en las que la diáspora venezolana importa mucho en el voto de Florida, obligan a Biden a cierta cautela. No obstante, la necesidad de aumentar el número de barriles de petróleo que llegan al mercado para impedir precios desorbitados (aunque no los compre EE.UU.) y las presiones de alguna petrolera, sobre todo de Chevron (la única estadounidense presente en Venezuela, de muy intenso lobby en Washington) hacen pensar que las sanciones, si no acaban prácticamente desapareciendo, al menos serán suavizadas.

Producción petrolera

Como ha recordado el ‘Wall Street Journal’, EE.UU. podría generar mucho más petróleo que el que puede aportar Venezuela, si Biden revirtiera medidas restrictivas aplicadas por su Administración en el campo de la exploración y la explotación de hidrocarburos, pero el presidente aplica la política de mayor exigencia medioambientalista que impulsa la izquierda de su partido. El WSJ ha ridiculizado al equipo de Biden por pensar que comprando petróleo a Maduro va a conseguir separarle de su alianza con Putin en lugar de amarrarle aún más en el poder.El WSJ ha ridiculizado al equipo de Biden por pensar que comprando petróleo a Maduro va a conseguir separarle de su alianza con Putin en lugar de amarrarle aún más en el poder

En realidad, el incremento de producción petrolera en Venezuela, si se levantaran las sanciones, sería más bien escaso, según contabiliza Antonio de la Cruz, director ejecutivo de la consultora Inter-American Trends. Frente a los 1,8 millones de barriles diarios que en cuestión de meses podría aumentar la producción en EE.UU. y Canadá, sobre todo a partir del frácking y de las arenas bituminosas, en Venezuela el aumento sería de 300.000 barriles diarios en año o año y medio (eso situaría la producción total venezolana en el millón aproximado de barriles diarios, un listón del que se ha distanciado desde 2019).

Los cuatro millones de barriles diarios que Rusia vende ahora a Europa y Estados Unidos podrían sustituirse con esa producción extra de Norteamérica, más otros excedentes que fácilmente pueden generarse: 700.000 barriles diarios que aportaría Irán al mercado si se reedita el acuerdo nuclear que se está ultimando y queda libre de sanciones, un millón a cargo de Arabia Saudí, 300.000 por parte de Emiratos Árabes Unidos y un pequeño resto procedente de productores con menor potencialidad (Colombia, por ejemplo, que exporta a EE.UU. un volumen poco menor de crudo, se ha ofrecido a mejorar sus números).

Abrir chat
contacta con nosotros!