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Lima En su cuarto intento, la derechista Keiko Fujimori consiguió alcanzar en Perú el sillón presidencial que ocupó durante diez años su difunto padre, Alberto Fujimori (1990-2000), al que tratará de emular con una reivindicación total de su legado.
Por un margen de poco más de 40.000 votos sobre el izquierdista Roberto Sánchez, Fujimori es la ganadora de los comicios y aguarda su proclamación como presidenta electa, con miras a asumir el mandato el 28 de julio para los próximos cinco años (2026-2031).
Tras haber sido derrotada en la segunda vuelta presidencial en las anteriores tres elecciones por estrechos márgenes, Fujimori será la primera mujer elegida presidenta por votación popular en Perú.
A sus 51 años, llegará a la Presidencia tras una década de inestabilidad política en el país, que ha tenido ocho mandatarios en diez años, en una sucesión de destituciones presidenciales promovidas desde el Parlamento, la mayoría con votos del fujimorismo.
Por ello, sus detractores consideran que Fujimori ha gobernado en la sombra durante los últimos años, especialmente desde la caída en 2022 de Castillo, en su cuyo nombre postulaba ahora Sánchez.

El anhelado triunfo supondrá el retorno del fujimorismo al Gobierno de Perú, veinticinco años después de que Alberto Fujimori dimitiese por fax desde Japón, tras destaparse un gigantesco escándalo de corrupción que le llevó años después a ser detenido en Chile y extraditado al país andino para ser condenado por ello y por delitos de lesa humanidad.
A estos comicios, Keiko llegaba con un ‘antivoto’ del 66 %, pues dos de cada tres peruanos no pensaban votar de ningún modo por ella, pero el 17,19 % de los votos válidos en primera vuelta fue suficiente para que pasara a la ronda decisiva, donde la moneda cayó de su lado por un estrecho margen.
La vida de Fujimori cambió a sus 16 años cuando su padre dio la sorpresa al ganar en 1990 las elecciones presidenciales al escritor Mario Vargas Llosa, y a los 19 irrumpió activamente en la política al ser designada como primera dama tras el divorcio de sus padres, cargo que ejerció hasta el final del mandato de su progenitor.
Luego fue a estudiar a Estados Unidos, donde conoció al estadounidense Mark Vito, con el que se casó y tuvo dos hijas, Kyara y Kaori, y del que se divorció en 2022.
La heredera regresó a Perú en 2005 para liderar al fujimorismo en su objetivo de recuperar el poder y lograr la liberación de su padre, pero ese largo camino le costó tres duras derrotas electorales, un paso de por la cárcel y la enemistad con su hermano menor, Kenji Fujimori.
En 2006 fue la congresista más votada y en 2016 logró mayoría absoluta en el Congreso, pero se enfrentó a su hermano al rechazar sus intentos de negociar con el entonces presidente Kuczynski un indulto para su padre, cuando ella buscaba la destitución del mandatario y lograr la absolución de las condenas por la vía judicial.
Luego llegaron los procesos en su contra, que le hicieron pasar casi año y medio en prisión preventiva entre 2018 e inicios de 2020, hasta que el año pasado el Tribunal Constitución le libró de llegar a juicio.
Ahora, Fujimori tiene por delante la misión de gobernar un país fuertemente dividido, entre los que creen en su figura como una opción para estabilizar el país y los que rechazan el regreso de la dinastía Fujimori.
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